La iglesia que transforma al mundo (2da. Parte)
Por Otto Sánchez
La iglesia que transforma el mundo, es una iglesia perseguida, sufriente, gozosa, relevante, puede ser rica o pobre materialmente; pero siempre será apasionada y victoriosa. Es una iglesia compuesta por hombres y mujeres ordinarios llamados por Dios para hacer tareas extraordinarias. Es una iglesia que quiere agradar a Dios a pesar de sus debilidades y limitaciones.
Algunas iglesias han descubierto cómo ser efectivas y transformadoras en una o dos dimensiones. Recuerdo que en el proceso de mi formación como creyente siempre he escuchado que una iglesia que transforma el mundo es una iglesia cuyo propósito principal es la evangelización. Durante mucho tiempo la iglesia se ha preocupado por ser una iglesia ganadora de almas, pero a la luz de las evidencias bíblicas nos hemos olvidados de otros elementos indispensables para hacer la obra del Señor, y ser por consiguiente una iglesia que transforma el mundo.
¿Cuál es el propósito de la iglesia y que hace una iglesia que transforma el mundo? Esa es una pregunta muy vieja que de por sí está mal formulada. Cuando vemos los orígenes de la iglesia del Señor en el libro de los Hechos no vemos solamente un propósito; vemos una iglesia con una pluralidad de propósitos:
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. “Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían con juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2: 42-47.
Este pasaje nos presenta la iglesia ideal. Una iglesia que cumple con el plan de Dios y que justifica la razón de su existencia. Sin embargo, lo que ha pasado tradicionalmente es que nos hemos concentrado solo en un propósito. Se nos ha dicho siempre que el propósito principal de la iglesia es la predicación del evangelio.
La predicación del evangelio es imprescindible, sin ella la iglesia no tiene razón de ser; pero no es lo único que podemos hacer. Esto ha traído como consecuencia iglesias que han descuidado otros aspectos fundamentales de la vida cristiana. Vemos iglesias con mucho énfasis evangelístico pero sin un plan de discipulado; muchas iglesias con énfasis en la enseñanza pero no evangelizan; ó muchas iglesias con un marcado énfasis en el servicio a los demás y la acción social, pero sin una vida de adoración a Dios.
Todo esto no va de acuerdo a lo que el Señor plantea en las Escrituras. En este pasaje encontramos cinco características de una iglesia con propósito características que son iguales en importancia. No es que vamos a tomar una y dejar las demás, ó que tomaremos dos y dejaremos tres, ¡No! Todas son de imprescindible importancia para cumplir con el plan de Dios.
Exploremos los factores bíblicos de la iglesia que transforma al mundo y seamos parte de ella. Estos factores reposan sobre la base de la palabra de Dios y un liderazgo efectivo, que harán bajo la dirección del Espíritu de Dios que la iglesia como cuerpo de Cristo viva para él y sea un agente de cambio para el mundo. (Ver figura No 1)
La iglesia es una entidad viva y abierta donde todo somos miembros los unos de los otros (Romanos 12: 4, 5; 1 Corintios 12: 12). Lo que uno haga afectará para bien o para mal a la otra parte del cuerpo. En ese sentido una iglesia que transforma el mundo, está basada en la Palabra de Dios. Sus directrices, visión, misión y propósito son a partir de lo que ella revela y no según los criterios de los hombres. Es por eso que una iglesia que quiere agradar tiene la Biblia como su manual y resiste valientemente a dejarse guiar por cualquier cosa que no sea la revelación de Dios en su Palabra y dada a entender por el ministerio del Espíritu Santo. Quienes militan en la iglesia que transforma el mundo, se preparan a partir de lo revelado en las Escrituras e influirán en otros para ser agentes de cambio.
Cada generación ha tenido sus hombres y mujeres que han estados dispuestos a ser parte del equipo de Dios. Cada época nos encontramos con hombres y mujeres que gozosa y abnegadamente han preferido agradar a Dios antes que los hombres. Desde los tiempos de Moisés hasta los días de Juan el bautista. Desde los apóstoles hasta los padres de la iglesia. Desde Lutero hasta los puritanos. Desde estos últimos hasta nuestros días, Dios ha tenidos hijos e hijas que han sido agentes de cambio, para el mundo en el que a ellos les tocó vivir. La antorcha nunca se ha apagado y ha llegado hasta nuestros días. Se nos ha pasado y nos toca mantenerla en alto para que todos la vean.
Los cristianos que militan en la iglesia que transforma al mundo son como el viejo que encendía lámparas en Escocia, en los primeros días del siglo XX. Este era un viejo que tenía una enorme vara que la ponía adentro de las lámparas y las encendía. Y cada día al caer la tarde hacía lo mismo con todas las lámparas. Llegaba un momento que por ser tantas, el anciano no se veía, pero se sabía que andaba por allí, por las luces encendidas en la calle y porque había dejado toda una avenida de luz. Como el anciano, somos encendedores. Según las luces que encendamos, así se sabrá en dónde estamos. La iglesia que transforma no usa vara para encender, porque ella misma es la luz, porque Cristo nos encendió con su Espíritu cuando nos salvó.
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5: 14-16
La iglesia que transforma al mundo, está apegada a la palabra de Dios.
Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Hechos 2: 42
En una ocasión un pastor me “acusó” de pretender filtrar todo lo que yo veía a través de la palabra de Dios. Me decía el mismo pastor, que hay áreas de la vida en dónde debemos dejar la Biblia a un lado y hacerlo por nuestra cuenta. Aunque les parezcan inverosímiles estas declaraciones, esto parte de la realidad que estamos viviendo hoy en día en la iglesia del Señor. A este pastor se le olvidó lo que dice la Escritura de si misma:
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16
Si vamos a hablar de la iglesia que transforma el mundo debemos tener como punto de partida lo que la Biblia nos dice de la iglesia que transforma el mundo. Por ser un imperativo la consulta de las Escrituras, tomaremos entonces como modelo la recién nacida iglesia de Jerusalén de los años 30 a. C. como el modelo de una iglesia que transforma y le da sentido a este mundo. Examináremos sus características y dinámicas con el propósito de aplicar sus principios en el día de hoy.
La recién nacida iglesia de Jerusalén fue la primera iglesia cristiana local. Fue gobernada por los apóstoles, siendo el principal de ellos el apóstol Pedro. Por el relato que nos da Lucas de los primeros trece capítulos del libro de Los Hechos, podemos vemos una iglesia que efectivamente tomó muy en serio su rol como agente transformador en un mundo hostil.
Lo primero que resalta de la iglesia de Jerusalén es que es una apegada a la doctrina de Cristo:
Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles… Hechos 2: 42
Esta porción de las Escrituras nos dice cual era el fundamento de la iglesia primitiva. Este fundamento es definitivamente las enseñanzas de Jesús. El texto dice que perseveraban en la doctrina de los apóstoles. Perseverar en la doctrina de los apóstoles era permanecer en la doctrina de Cristo. Es tener como fundamento su Palabra, y estar apegados a ella. Los apóstoles fueron instruidos por Cristo y estaban comprometidos de difundir ese mensaje:
Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. Juan 15: 26, 27
… porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Hechos 4:20
A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. Hechos 5:32
Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 2 Timoteo 2:2
Estos y otros pasajes más nos confirman que el término doctrina de los apóstoles era lo mismo que decir doctrina de Cristo. En ese sentido el apóstol Pablo dice en seis ocasiones en todas sus epístolas que debemos ser imitadores del Señor (1Corintios 1: 11; Efesios 5:11; Filipenses 3:17; 1 Tesalonicenses 1: 6; 2 Tesalonicenses 2: 14; 2 Tesalonicenses 3: 7). De todas estas menciones en cuatro de ellas Pablo alude que debían ser imitadores de él, así como él lo era de Cristo.
Definitivamente, que la doctrina de los apóstoles era la misma de doctrina de Cristo, pues fue de él, que ellos la recibieron. Ese es el mensaje central de la gran comisión de id y haced discípulos. Los apóstoles cumplieron con precisión estas instrucciones del Maestro. Trenchard dice lo siguiente: El ministerio de los apóstoles puede analizarse en dos sentidos: a) la proclamación pública de Cristo como crucificado, resucitado y exaltado por Dios para ser Señor y Salvador; b) la enseñanza de los creyentes reunidos en grupos más o menos grandes, según las posibilidades. El sermón de Pedro es un magnífico ejemplo de la proclamación pública y aquí tenemos la primera mención de la enseñanza sistemática dentro de la iglesia.
Ellos pudieron transformar su sociedad, pudieron cristianizar su cultura, porque la única garantía era mantenerse apegados a la doctrina de Cristo. Ya muchos siglos atrás Dios lo había dictaminado:
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Josué 1: 8.
La iglesia que transforma el mundo es la iglesia que siempre tiene en alto la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efesios 6: 17) La iglesia verdaderamente efectiva nunca soltará la palabra de Dios, por los artefactos emergentes de entretenimiento y pragmatismo que el mundo nos ofrece.
En este tiempo más que nunca es necesario que la iglesia del Señor se mantenga apegada y dependiente a esa palabra de Dios. Ella pauta el la voluntad y la intención de Dios y produce el cambio que el pueblo de Dios y el mundo necesita. Una iglesia centrada en la palabra, es una iglesia poderosa, que sabe cumplir su función de ser sal de la tierra. Un más que nunca cuando, porque este es el tiempo, dónde muchos ya no sufre por la sana doctrina. Es común ver en nuestros días como muchos tienen comezón de oír, cualquier cuento y fábulas menos la palabra confrontadora de Dios. Ella es la espada de doble filo (Hebreos 4:12) que salva y condena; que destruye y restaura.
La iglesia que transforma al mundo, es una iglesia que no negocia la palabra de Dios. La iglesia que transforma al mundo, sabe muy que el que es de Dios, la palabra de Dios oye (Juan 8:47). La iglesia verdadera está dispuesta a pagar el precio de la fidelidad a los principios de Dios. Está consciente del costo que han pagado los siervos y siervas de Dios a través de los siglos para no claudicar y mantenerse firmes en lo que Dios ha decretado.
Dietrich Bonhoeffer es un ejemplo de lo que es un digno representante de la iglesia que transforma el mundo. Cuando casi todas las iglesias de la Alemania nazi se arrodillaron o callaron ante las atrocidades de Hitler, Bonhoeffer no calló. Cuando los luteranos cayaron, él fundó la iglesia confesante que predicó un evangelio no leudado. La obra más famosa de Bonhoeffer es El costo del discipulado, publicado inicialmente en 1939. Este libro es una exposición e interpretación rigurosa del Sermón del Monte y Mateo 9:35-10:42. La mayor preocupación de Bonhoeffer es lo que él llama la gracia barata. Esta es una gracia que ha sido tan diluida que ya no se asemeja a la gracia del Nuevo Testamento, la gracia costosa de los Evangelios.
Con la expresión gracia barata, Bonhoeffer significa la gracia que ha traído caos y destrucción; es el asentimiento intelectual a una doctrina sin una verdadera transformación en la vida del pecador. Es la justificación del pecador sin las obras que deben acompañar el nuevo nacimiento. Bonhoeffer dice de la gracia barata:
Es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento, el bautismo sin la disciplina de la iglesia, la Comunión sin la confesión, la absolución sin la confesión personal. La gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado.
La verdadera gracia, es una gracia que le costará la vida a un hombre. Es la gracia hecha costosa por la vida de Cristo, que fue sacrificada para comprar la redención del hombre. La gracia barata surgió del deseo del hombre de ser salvado, pero sin convertirse en discípulo. El sistema doctrinal de la iglesia, con sus listas de códigos de comportamiento, se convierte en un sustituto para el Cristo Vivo, y esto abarata el significado del discipulado. El verdadero creyente debe resistir la gracia barata e ingresar a la vida de discipulado activo. La fe ya no puede significar quedarse quieto y esperar; el cristiano debe levantarse y seguir a Cristo.
Es aquí donde Bonhoeffer hace uno de sus reclamos más perdurables sobre la vida del verdadero cristiano. Escribe que:
Sólo el que cree es obediente, y sólo el que es obediente cree. Los hombres se han vuelto blandos y complacientes en la gracia barata y, por lo tanto, están aislados de la gracia más costosa de la abnegación y la humillación personal.
Bonhoeffer creía que la enseñanza de la gracia barata provocaba la ruina de más cristianos que cualquier mandamiento de realizar obras. Porque la gracia barata no es más que una caricatura del evangelio. Debemos estar consciente que tenemos en nuestros días, muchos que dicen ser representante del Señor, pero han comprometido la verdad eterna del evangelio por las golosinas del mundo. Estos han hecho de la iglesia del Señor un espectáculo teatral, con marionetas y bufones que hacen lo que sea para mantener un público que se resiste a pensar y a ser confrontado. Estas llamadas iglesia ofrecen todo lo que estimula mantener anestesiada la conciencia y el letargo de la voluntad.
La iglesia que transforma al mundo se resiste a bailar esta danza. ¡No, no lo hace! Aunque su resistencia a este compás, le cueste la vida. La iglesia verdadera y comprometida se mantiene como sal de la tierra. Como sal de la tierra, entre otras cosas, provoca sed, preserva y da sabor a un mundo insípido. Contrario a los que muchos que se han olvidados de estos principios creen, la iglesia tiene sentido y propósito cuando se mantiene como sal. Y solo podemos ser sal si nos mantenemos apegados a los principios innegociables del evangelio de Cristo. Esa fue la premisa de los reformadores cuando proclamaban Sola Scriptura. Por esa Escrituras vivieron, y por ella murieron. La iglesia que transforma el mundo sabe que si no depende y conoce a Dios por medio su palabra, definitivamente que morirá. Vemos que hasta cierto punto, está de moda decir que se es cristiano. Ya no es por lo menos en muchos lugares del hemisferio americano. Ya no es ignominioso decir soy seguidor de Cristo, porque muchas “celebridades” dicen ser cristianas. Algunos de ellos son sinceros creyentes, pero otros viven en antinomialismo, donde pretenden tener a Cristo como Salvador y no como Señor. Lo triste de todo esto, que hay líderes que anidan este tipos de creyentes, creando un nuevo paradigma de lo que significa ser un cristiano. Es penoso ver, como se ha bajado el estándar de la Palabra de Dios a la medida y gusto del consumidor. Es un evangelio Light y costumize dónde el interesado recibe según sus deseos y no según lo establecido por Dios.
La iglesia fiel y verdadera no solo confronta para transformar al mundo, sino que también denuncia la ignorancia y el abuso. Debemos recordar que la mayor parte de la apologética que encontramos en la Palabra de Dios, no es para demostrar la existencia de Dios, porque Dios no necesita ser demostrado (Salmo 14:1; 19:1; 53:1; Romanos 1:20), sino en contra de los que deforman y distorsionan el santo evangelio de Cristo. Por eso la iglesia que transforma al mundo es militante y confesante en promover la verdad de Cristo porque sabe muy bien que el pueblo pereció porque le faltó conocimiento (Oseas 4:6).
Por estas razones las palabras del monje agustino, todavía retumban como recordatorio a todos aquellos que quieren formar parte de la iglesia que transforma al mundo:
A menos que se me convenza por el testimonio de las Escrituras o por la razón evidente (porque yo no creo ni en el Papa ni en concilios por sí solo, ya que es manifiesto que ha menudo han errado y se han contradicho a sí mismos), estoy sujeto a las Escrituras que he citado, y mi conciencia se mantiene cautiva por la Palabra de Dios; y ya que no es ni prudente ni correcto obrar en contra de la conciencia, no puedo retractar y no retractaré cosa alguna. Aquí estoy aquí permanezco: y no puedo hacer otra cosa; que Dios me ayude. Amén.
La iglesia que transforma al mundo, tiene un liderazgo efectivo.
Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Hechos 2: 42
Dicho en palabras sencillas, liderazgo es influencia. Si hay una característica que caracteriza al líder es que tiene la capacidad de influenciar a los demás para que estos hagan lo que él desea. Unas de las mejores definiciones de liderazgo que he visto es la siguiente: Liderazgo es el arte de influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común. Como líderes, debemos de identificar las necesidades de las personas, no sus deseos porque un líder sirve y hace lo que los otros necesitan, pero un esclavo hace lo que los otros desean.
El texto bíblico de Hechos 2: 42, nos arroja mucha luz, con relación al tema del liderazgo. Este texto bíblico, no solo nos habla del fundamento en la palabra de Dios en la iglesia que transforma al mundo, sino también el liderazgo de los apóstoles para poner en movimiento a los creyentes de la iglesia de Jerusalén.
Definitivamente que el liderazgo es un don de Dios que los poseen todos aquellos que Dios los ha llamado a servirles, por lo tanto de alguna manera u otra todos seremos líderes en menor o mayor escala. En el caso de los apóstoles, debían tener un liderazgo efectivo para poder llevar la obra del Señor a las dimensiones que ellos la llevaron.
Sobre el tema de liderazgo se ha escrito mucho y no pretendo acotar nada nuevo; más bien propongo repasar algunos principios eminentemente importantes e imprescindibles en nuestra misión de ser la iglesia que transforma el mundo. Está claro además, que si los apóstoles no hubiesen tenido influencia, no hubiesen podido hacer todo lo que hicieron. La pregunta que nos hacemos entonces es ¿cómo debe ser ese liderazgo?, y ¿cuáles son los factores más importantes que debe tener un liderazgo efectivo?
Factores de un liderazgo efectivo en la iglesia que transforma el mundo.
Espiritualidad. Al ver el ministerio de los apóstoles nos damos cuenta de ciertas cualidades que ellos poseían que facilitaron el desarrollo de la iglesia en esos primeros años. Entre esas cualidades podemos citar como la primera de ellas la espiritualidad. Estos hombres no eran personas con doble agenda, ni con aspiraciones o metas particulares. Las metas y los deseos estaban condicionados al llamado que el Señor les había hecho. No quiere decir esto que fueran perfectos, pero sí eran hombres que tenían como meta ser parte de la iglesia que transformaría el mundo. El Señor al escogerlos no tenían otro plan alterno. Ellos eran las personas que debían hacer lo que se le había encomendado.
Ellos habían entendido que para cumplir con la encomienda debían cumplir al pie de la letra lo que el Señor le había dicho. Las palabras de Jesús estaban frescas en sus mentes y corazones:
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15: 5
El líder efectivo es espiritual y mantiene una dependencia del Señor en todo lo que tiene que hacer. Él sabe que el éxito está en la dependencia en lo que Dios quiere, sin reservas y sin temores.
Recuerdo que estando como expositor en una conferencia para pastores, aproveché que ese momento no estaba exponiendo y participé como oyente en un taller sobre liderazgo. Quien exponía dio una serie de consejos seculares, que aunque parecían tener cierta lógica, no guardaban ninguna relación con la Palabra de Dios. Recuerdo que mencionó la imagen, la manera de hablar, la actitud positiva, la autoayuda, etc. En otra ocasión pude ver que en un seminario teológico un profesor de liderazgo usaba libros seculares, -incluso de autores hostiles al evangelio- como libros de texto. Obviamente que la espiritualidad de los líderes está íntimamente atada a tener la palabra de Dios como el principal fundamento de su vida. El líder de la iglesia que transforma al mundo no se apoya en su propia prudencia, porque sabe muy que en quién está su fundamento:
Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra, ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. 1 Corintios 2: 2
El líder de la iglesia que transforma al mundo sabe que el evangelio, la palabra revelada, las herramientas que Dios nos da, son suficientes para hacer la tarea del Señor. La Biblia nos da nos textos bíblicos en el Nuevo Testamento que son suficientemente elocuentes:
… porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. 2 Corintios 10: 4-6
El liderazgo de una iglesia que transforma al mundo nunca renunciará a la dependencia de Dios. Siempre actuará espiritualmente porque sabe muy bien que fuera de de ahí todo resultará infructuoso para Dios.
Ejemplo de amor y sacrificio. El amor no es simple sentimiento o romance, aunque lógicamente implica esto también. Pero básicamente amor es compromiso y responsabilidad. Como líderes influenciamos la vida de los demás, para conducirlos a una relación íntima con Dios, que es lo que realmente llena. El verdadero líder influye y motiva mediante el ejemplo del amor, tal como la hace nuestro Señor. Muchos líderes conducen sus iglesias y hogares mediante el poder y la autoridad y no mediante el amor. ¿Cuáles son las diferencias entre estos conceptos: Poder, autoridad y amor como agentes de motivación?
Poder. El uso del poder como cabeza de un ministerio se caracteriza por la capacidad de forzar o coaccionar al grupo para que este, aunque preferiría no hacerla, haga su voluntad debido a su posición o su fuerza.
Autoridad. Es tratar de conseguir que el grupo haga voluntariamente lo que él quiere debido a su influencia personal. (Ej. Él no hace, dicen hagan. Contrario al verdadero líder que no dicen hagan, sino hagamos)
Amor. Sin embargo el amor por sus características como son el compromiso, la responsabilidad, el respeto, la dedicación, la consideración, etc. es capaz de llenar las necesidades integrales de la iglesia, la familia, etc. El amor llena las necesidades, por eso la Biblia dice:
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 1 Corintios 13: 4-7
En cualquier caso, una vez que esas necesidades han sido satisfechas, lo que se convierte en elemento motivador no es el poder, ni la autoridad, sino el amor. Esto incluye la necesidad de formar parte de una iglesia que transforma al mundo. Una vez que esas necesidades se ven satisfechas, todo esto trae como consecuencia, la autoestima, que incluye la necesidad de ser valorado, tratado con respeto, animado, el reconocimiento, los premios, y todo eso en todo el sistema familiar.
No estamos diciendo que no es necesaria la autoridad, pero ésta debe ejercerse mediante el amor y no el poder. El líder efectivo debe tener la capacidad de dirigirla e influenciarla, sin necesidad de utilizar su poder. Nuestro Señor Jesucristo por ejemplo, es el líder por excelencia:
• Hace más de dos mil años que vino al mundo y más de dos mil millones de personas se consideran cristianas.
• Dos de los feriados más importantes del año corresponden a acontecimientos de su vida, navidad y semana santa.
• Hasta el tiempo fue cambiado a raíz de su llegada. (Antes de Cristo y después de Cristo).
El nunca usó su poder obligando a nadie para que le siga, sin embargo vino sirviendo a las personas, ej. Cuando lavo los pies de los doce discípulos.
Las personas que vemos con autoridad sobre nosotros son por lo general, personas que nos han servido y hasta se han sacrificado por nosotros. Al satisfacer las necesidades del prójimo comenzando por nuestra familia, estamos llamados, por definición, a servirles e incluso a sacrificamos por ellos. Cuando servimos a los otros y nos sacrificamos por ellos, estamos forjando nuestra autoridad o influencia, y cuando forjamos nuestra autoridad sobre ellos, entonces es cuando nos ganamos el derecho a ser llamados líderes.
Cristo amó y ama su iglesia, se entregó por ella. Por eso le seguimos. Por su gracia y misericordia derramada en nosotros (Romanos 12:1) Ser un líder efectivo de la iglesia que transforma al mundo, es servir, es honrar, es dar ejemplo, es sacrificarse, es tomar la iniciativa, es superarse, Dios nos llama a ser líderes. Nos llama a dar. A ser ejemplos en la lectura de la palabra. A ser ejemplo en la oración. A ser ejemplo de verdad. A ser ejemplo en todo.
Visión. Visión es ver lo que Dios quiere hacer con nosotros, con nuestras vidas y con su iglesia. Dios obra de diferentes maneras para hacer cumplir sus propósitos. Por esta razón Dios da una visión particular a cada iglesia y lleva a esta todos los que él quiere unir en esa visión. Está visión no solo es la convicción de lo que entendemos que Dios quiere, sino que debe estar en armonía con su palabra. Decimos esto porque hay personas que dicen estar haciendo lo que Dios le ha “dicho”, sin embargo no están en armonía con las Escrituras. Lo que podamos hacer para Dios, para estar dentro de su voluntad y propósito debe estar en armonía con su palabra.
La iglesia que transforma el mundo se ha puesto los espejuelos de Dios y puede ver con claridad y precisión lo que él quiere. La visión comienza cuando el líder se siente insatisfecho con el status quo. Ante esta realidad el líder efectivo ve un futuro mejor, ve mejores condiciones aun cuando nadie más lo ha visto. Implica ver la realidad con los ojos de Dios y prestar atención a sus propósitos redentores.
Los apóstoles que dirigieron la iglesia primitiva de Jerusalén tenían una visión clara del reino. Ellos podían discernir claramente que lo que estaba ocurriendo era parte de lo que Dios había prometido hacer por medio de ellos. Pedro es un ejemplo de esto cuando pronunció su primer sermón después del Pentecostés:
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo… Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…Hechos 2: 14, 16
Visión, en otras palabras, no es más que conocer lo que Dios quiere, y procurarlo. Pedro, al igual que los demás apóstoles tenían una panorámica clara de lo que Dios quería, por trabajaron e invirtieron tiempo y energía en ello. La visión de lo que Dios quiere es imprescindible también, porque ella no nos permite desviarnos de la meta que en la voluntad de Dios queremos alcanzar. Un buen ejemplo de esto es nuestro Señor Jesucristo:
Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.
Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Y le buscó Simón, y los que con él estaban; y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Marcos 1: 32-38
En este pasaje vemos a Jesús tomando una decisión conforme a su propósito y a lo que él quería lograr. Es importante por teniendo una visión clara del reino, no nos distraemos con las circunstancias emergentes que nos presentan a cada momento. La visión es imprescindible para ser una iglesia que transforma al mundo:
Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena… Proverbios 29:18
La visión no solo es determinante para poder ser lo que Dios quiere que seamos, sino también para poder ser efectivos y evitar frustraciones. Alguien comentó lo siguiente: Trabajo sin visión es frustración. Visión sin trabajo, es ilusión.
John Wagenveld presenta tres elementos claves en la visión:
Proyecta un cuadro claro de un futuro ideal
Enfoca el futuro con los lentes de Dios y da dirección
Se basa en los propósitos redentores de Dios
No se conforma al status quo
Ejercita la fe. Es ambicioso, aunque realista
Comunica en forma sencilla a otros
Motiva a actuar. Provee sentido de urgencia
Confiable. Un liderazgo efectivo será un liderazgo confiable. Confiable en su espiritualidad y confiable en los roles que tiene como guía. Si hay algo, que debe resaltar en un líder, es que este sea digno de confianza. La confianza hace que su influencia a los demás sea más fácil. Si hay algo que caracteriza al mundo de hoy es la crisis de líderes dignos de confianza. Tanto en el campo ministerial, como en el secular la crisis es enorme. La falta de confianza en los modelos de liderazgo hace que la organización a la que pertenecemos no avance como debiera, y por el contrario reinan el caos y la anarquía. La Biblia dice:
Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 2 Timoteo 2:2.
La iglesia que transforma al mundo, proclama la palabra de Dios.
Si hay algo de lo que de la iglesia del Señor no ha tenido dudas es de su rol profético. Ese rol lo llevamos a cabo por medio de la proclamación de las Escrituras para que las almas puedan venir al conocimiento de Cristo. Podemos definir evangelizar cómo la acción de dar a conocer el evangelio o buenas nuevas de salvación por distintos medios a quienes no conocen a Cristo. Es lo que se llama La Gran Comisión dada por Jesús a los discípulos.
Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28: 16-20.
Sin embargo a pesar de llamarse La Gran Comisión, muchos le llaman la gran omisión pues las estadísticas muestran que aproximadamente el 95% de los creyentes nunca se han ganado nadie para Cristo. Anualmente nacen en el mundo 150 millones de personas, pero solo 7 millones llegan a ser cristianas. Estas son unas estadísticas muy deprimentes, pues debemos recordar que entre todas las instrucciones que Jesús les dio a sus discípulos, la primera fue precisamente la de ganar a otros para Él.
“Venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres…” Marcos 1:17
Y la última encomienda del Señor para sus discípulos es también la de predicar el evangelio de salvación:
“… y me seréis testigo sen Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:8
Obviamente la encomienda de ganar a otros para Cristo de alta prioridad. Nosotros sabemos la importancia de ser obedientes a Cristo. Sin embargo algo también muy cierto es el hecho de que Satanás lo sabe, por eso trata de poner tantos obstáculos para impedir que podamos ser obedientes.
¿QUÉ ES EVANGELIZAR?
Podemos definir evangelizar cómo la acción de dar a conocer el evangelio o buenas nuevas de salvación por distintos medios a quienes no conocen a Cristo. Es lo que se llama La Gran Comisión dada por Jesús a los discípulos.
Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28: 16-20.
Sin embargo a pesar de llamarse La Gran Comisión, muchos le llaman la gran omisión pues las estadísticas muestran que aproximadamente el 95% de los creyentes nunca se han ganado nadie para Cristo. Anualmente nacen en el mundo 150 millones de personas, pero solo 7 millones llegan a ser cristianas. Estas son unas estadísticas muy deprimentes, pues debemos recordar que entre todas las instrucciones que Jesús les dio a sus discípulos, la primera fue precisamente la de ganar a otros para Él.
“Venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres…” Marcos 1:17
Y la última encomienda del Señor para sus discípulos es también la de predicar el evangelio de salvación:
“… y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:8
Obviamente la encomienda de ganar a otros para Cristo de alta prioridad. Nosotros sabemos la importancia de ser obedientes a Cristo, pero también Satanás lo sabe, por eso trata de poner tantos obstáculos para impedir que podamos ser obedientes.
¿Cómo podemos hacerlo?
Esta labor de evangelización la podemos hacer de varias maneras y la podemos clasificar en grandes renglones que están bajo la sombrilla del buen testimonio personal. El buen testimonio es el punto de partida para que las personas puedan creer en el mensaje que nosotros le damos. Eso es precisamente lo que decían las personas cuando escuchaban a Jesús hablar:
“…la gente se admiraba de su doctrina porque les enseñaba como quien tiene autoridad…” Mateo 7: 28-29
De nada nos serviría tener mucha pasión para llevar el evangelio a todas partes si este no está respaldado por una vida que honre lo que predicamos. El evangelista norteamericano Dwight L. Moody decía:
• “Tu buen testimonio deber ser tan alto, que tu voz no se pueda oír”.
Con esto quería significar lo que dijo Jesús:
“… por sus frutos los conoceréis…”
¿Cuáles son esos frutos que el cristiano debe dar para tener credibilidad?
La Biblia nos da una lista del carácter del creyente. Ese carácter del creyente se evidencia en su reacción ante distintas situaciones. El Señor Jesucristo lo describe muy bien en el pasaje conocido como Las Bienaventuranzas en el inicio del Sermón del Monte.
Las Bienaventuranzas. (Mateo 5: 1-12)
Cuando vio la multitud, subió al monte; y sentándose, se le acercaron sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados son cuando por mi causa les insulten y persigan, y digan toda clase de mal contra ustedes, mintiendo.
Gócense y alégrense, porque la recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de ustedes.
En la carta los Gálatas, el Apóstol Pablo dice lo mismo en cuanto al carácter del creyente. Hablando del Fruto del Espíritu obrando en la vida cristiano como resultado de una estrecha e íntima relación con Dios.
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne……Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. ” Gálatas 5: 16, 22-23
Nuestra predicación será efectiva en la medida que nuestra manera de vivir respalde lo que predicamos. Es por eso que es de vital importancia que los creyentes vivamos una vida de intimidad con Dios, porque cuando estamos cerca de Dios, se nota.
Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Hechos 4
Como cristianos debemos compartir el evangelio a todo el mundo respaldado por un buen testimonio.
¿Cómo llegan las personas a las iglesias?
Aunque todos estábamos perdidos, Dios ha usado siempre diferentes medios para traernos a su redil. No es que hay distintos caminos para llegar a Dios, como muchos proponen. Jesucristo es el único Camino para tener salvación. Esto es un absoluto. Fuera de él no hay posibilidad alguna de llegar a Dios. La Biblia dice:
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14:6
Sin embargo no todos llegamos al Señor de la misma manera. Unos llegaron a Cristo porque el los llamó mediante un mensaje en la iglesia; otros en un campamento; otros mediante una presentación personal del evangelio, etc. El Nuevo Testamento nos confirma esto:
• Zaqueo se convirtió en su casa
• Una mujer enferma en medio de la multitud
• La samaritana en el pozo
• Un ladrón en la cruz
• Tres mil con Pedro
Los cristianos hoy en día tienen la tendencia de creer que la responsabilidad de ganar almas para Cristo es responsabilidad del pastor o de los líderes de la iglesia. Además creen que hay que tener mucha experiencia en la vida cristiana o mucho tiempo de convertido. Sin embargo esto no es así. Para sostener esta verdad citaremos dos pasajes del Nuevo Testamento.
“Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” Juan 4: 39-42
“Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Juan 9:25
Estos dos pasajes muestran a dos personas. El primero es la mujer samaritana y el otro es un hombre ciego de nacimiento. Ambos fueron impactados y transformados por Jesús. Ambos hablaron de lo que el Señor había hecho en sus vidas. A ambos no tenían ni veinte cuatro horas de haber conocido a Cristo. Eso es lo que hace un creyente, habla de lo que Cristo ha hecho en sus vidas.
Esto no es responsabilidad exclusiva del pastor o de algunos creyentes. Es una responsabilidad de todos. Esto es tan cierto que una de las razones por la cual las iglesias no crecen, es porque no han sido instruidos en esta responsabilidad, o que abiertamente desobedecen este mandato del Señor. Las iglesias que dependen solo del pastor en esta Gran Comisión son las iglesias que menos crecen.
¿COMO LLEGAN LAS PERSONAS A LA IGLESIA?
Por anuncios 2%, por el pastor 6%, por evangelismo organizado 6%, por los miembros (Parientes, amigos y relacionados 86%
Cuadro porcentual que muestra cómo llegan las personas a la iglesia
Una iglesia que transforma al mundo crece en espiritualidad y en números.
La razón de ser la iglesia es extender el reino de Dios hasta lo último de la tierra. Esto es importante que lo tengamos claro y como prioridad. ¿Qué es el reino de Dios? Es una expresión usada en el Nuevo Testamento que se refiere a la esfera de dominio de Dios sobre todos aquellos que pertenecen a Él. También se refiere a la gloria eterna que es el destino final de todos los creyentes. Sin embargo ese reino de Dios es manifiesto en el corazón de cada creyente, que es transformado por la obra del Espíritu Santo del Señor. Cada vez que una persona viene a Cristo se establece el reino de Dios en ella. La Biblia dice:
“Y diciendo: Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado…” Mateo 3: 2
(Continuará)
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