Iglesia Bautista Ozama
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REFLEXIONES  

La iglesia que transforma al mundo (1ra. Parte)
Por Otto Sánchez

Cuando hablamos de la iglesia que transforma al mundo vienen a nuestra mente una serie de preguntas relacionadas con este tema. ¿Cómo es una iglesia que transforma al mundo? ¿Qué hace? ¿Existe? ¿Puede ser mi iglesia así? ¿Qué debe hacer?

Lo que propongo, es que, hagamos reflexión teológica sobre la iglesia que transforma el mundo. Desde luego que este tema es arriesgado y apasionante. En primer lugar, es arriesgado, porque nos puede confrontar con las profundas dimensiones de la voluntad de Dios; esto por supuesto es un riesgo, y como decía Dietrich Bonhoeffer: “la salvación para nosotros es gratis, pero vivir para Cristo nos puede costar la vida.” Cuando decimos que este tema es arriesgado, queremos decir que las demandas de ser la iglesia militante, confesante y no arrodillada a este siglo, tiene un alto costo.

Por otro lado el tema sobre la iglesia que transforma al mundo, es apasionante, porque no hay nada que apasione más, que deleite el alma humana que vivir para Cristo. Tanto es así, que no hay placer de este mundo que se compare al deleite de hacer la voluntad de Dios. Obviamente, que para procurar ser parte de la iglesia que transforma el mundo debemos tener una mente espiritual que nos lleve a anhelar apasionadamente serlo. Debemos ser netamente espirituales. Debemos tener ese deseo, para que este tipo de desafíos puedan  ser asimilados. No podemos ser del cristiano que se ha conformado al mundo, de aquellos que son espectadores, para ser parte de la iglesia militante de Cristo debemos entender que la única opción que tiene sentido es vivir conforme a Cristo.

El ilustre teólogo John Mackay en Prefacio a la teología cristiana explica como hay creyentes que son apasionados y arriesgados y otros no. Él ilustró dos tipos de interés en cuestiones espirituales: “Unos están sentados en un balcón de una casa española observando el paso de la gente calle abajo. Los balconeros como él les llama, pueden oír lo que hablan, los que pasan y pueden charlar con ellos; pueden comentar críticamente la forma en que caminan los que pasan; o pueden también cambiar ideas acerca de la calle, de la existencia misma de la calle o a dónde conduce, etc. pero son espectadores, y sus problemas son teóricos únicamente. Los que pasan en cambio, es decir los viajeros, enfrentan problemas que, aunque tienen su lado teórico, son esencialmente prácticos: problemas como qué tipo de camino tomar, cómo hacer para llegar, problemas con el sol, la lluvia, la noche, etc. Tanto los balconeros como los viajeros pueden pensar sobre los mismos asuntos, pero sus problemas son diferentes. Mientras que los “balconeros” ven la vida de manera teórica el viajero sufre diariamente todas las dinámicas que se le presenta en su viaje”.

Esta reflexión es para viajeros, para personas que se ven a si misma como peregrinos y advenedizos en mundo donde solo estamos de paso. Este tipo de reflexiones solo pueden ser consumidas por aquellos cuyos pensamientos está a la orden de Dios.

Es por todo esto que las preguntas que nos hiciéramos en el principio solo pueden ser contestadas a la luz de las Escrituras bajo la iluminación del Espíritu Santo. Es necesario revestirnos de un espíritu apacible, de una actitud abierta a lo que el Señor quiera decirnos y tener la disposición de hacer los ajustes necesarios para ser parte de la iglesia que transforma al mundo.

Todos los que estamos en liderazgo nos enfrentamos a las presiones propias de este llamado. Presiones sobre la eficacia de nuestro ministerio, el reconocimiento de las personas, nuestro rendimiento personal y aunque nos resulte difícil admitirlo, también debemos incluir la competitividad, y el impacto que muchas veces producen en nosotros el éxito de otros. Debemos reconocer que el liderazgo de una iglesia se somete a estas presiones y otras más, una de las cosas que debemos tomar en cuenta es que la iglesia que transforma al mundo, es una iglesia que primero ha sido transformada por el Señor. Es decir, que antes de ser transformadora, la iglesia primero está compuesta por personas transformadas, libres de las presiones propias de este mundo. El Señor lo deja bien establecido en su palabra apuntando a esta realidad:

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4:6

En este mismo sentido un pastor muy amado del siglo XIX dijo lo siguiente:

El que con frecuencia piensa en Dios, tendrá una mente más amplia que el hombre que se afana simplemente por lo que ofrece este mundo estrecho. El estudio más excelente para ampliar el alma es la ciencia de Cristo y el conocimiento de la gloriosa Trinidad. Nada hay que desarrolle tanto el intelecto, que magnifique tanto el alma del hombre, como la investigación devota, sincera y continua de Dios.

Además, a la vez que humilla y ensancha, este tema tiene un efecto eminentemente consolador. La contemplación de Cristo proporciona un bálsamo para toda herida; la meditación del Padre proporciona descanso de toda aflicción; y en la influencia del Espíritu Santo hay sanidad para todo mal. ¿Quieres librarte de tu dolor? ¿Quieres ahogar tus preocupaciones? Entonces ve y zambúllete en lo más profundo del mar de Dios; piérdete en su inmensidad; y saldrás de allí como al levantarte de un lecho de descanso, renovado y fortalecido. No conozco nada que sea tan consolador para el alma, que apacigüe las crecientes olas del dolor y la aflicción, que proporcione paz ante los vientos de pruebas, como la ferviente reflexión sobre el tema de Dios.(2)

¿Qué es pues una iglesia que transforma al mundo? Tomando en cuenta la opinión de grupo de pastores, estudiantes de seminario y líderes, se entiende por una iglesia de éxito y que transforma al mundo los siguientes factores: (itálicas agregadas)

  • Tener un templo con mil (o más) personas durantes los cultos de fin semana.
  • Reunir colectas del orden de un millón de dólares anuales (o más) para el ministerio de dólares.
  • Donar medio millón de dólares anuales (o más) a las misiones mundiales.
  • Ampliar los edificios o construir un nuevo campus con una superficie de por lo menos una hectárea para las instalaciones del ministerio.
  • Enviar a los coros de la congregación a cantar en iglesias, celebraciones comunitarias y universidades de todo el país.
  • Transmitir por radio y TV los cultos de adoración a todo el mundo
  • Ofrecer una amplia variedad de clases de educación cristiana y programas de ministerio.
  • Tener un nombre reconocido en todo el país.
  • Aumentar la membresía en cien (o más) personas todos los años.
  • Tener un website mucho rating .

Contrario a la opinión popular, estos escenarios no reflejan necesariamente una iglesia en verdad efectiva y transformadora. (Itálicas agregadas). Si tener un ministerio efectivo y transformador está realmente relacionado con el compromiso personal es parecerse a Cristo  y donde las acciones es que Dios sea glorificado, entonces, estos factores antes mencionados no reflejan necesariamente la salud espiritual de una iglesia. Estos factores no son malos si vienen como resultados del respaldo de Dios, pero cuando lo vemos como unos indicadores de una iglesia transformadora, olvidando el compromiso personal con el Señor, entonces estos factores no solo serán simplistas, sino engañosos. Por tal razón el resultado de nuestro ministerio no es buscar estos factores, porque eso no impresiona a Dios. ¡No me enseñes ministerios poderosos y cargados de programas y actividades, enséñame vidas transformadas!

La iglesia que transforma el mundo, es una iglesia perseguida, sufriente, gozosa, relevante; puede ser rica o pobre materialmente; pero siempre será apasionada y victoriosa. Es una iglesia compuesta por hombres y mujeres ordinarios llamados por Dios para hacer tareas extraordinarias. Es una iglesia que quiere agradar a Dios a pesar de sus debilidades y limitaciones.

Este pasaje nos presenta la iglesia ideal. Una iglesia que cumple con el plan de Dios y que justifica la razón de su existencia. Sin embargo, lo que ha pasado tradicionalmente es que nos hemos concentrado solo en un propósito. Se nos ha dicho siempre que el propósito principal de la iglesia es la predicación del evangelio.

(1) George Barna, Los nueve hábitos de las iglesias altamente efectivas. 2007Editorial Vida.

(2) Charles H. Spurgeon dijo estas palabras en su sermón cuando apenas no había cumplido los diecinueve años de edad.


Reflexiones disponibles

• La iglesia que transforma al mundo II
• La iglesia que transforma al mundo I
• Creación o Evolución
• Simonía en la iglesia
• Lo que Dios Espera de Sus Hijos
• Cultura de violencia, cultura sin Dios
   




 



 
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